| DATOS | |
|---|---|
| Otros nombres | Seiken Densetsu 2 |
| Desarrollador(es) | SquareSoft |
| Género | Rol de acción |
| Plataforma(s) | ![]() |
| Fecha de lanzamiento | 06-08-1993 |
En lo respectivo a videojuegos, una de las cosas de las que estoy más orgulloso es la de adoptar siempre una perspectiva contemporánea para analizarlos de manera objetiva. Incluso siendo adolescente, viajaba atrás en el tiempo al año en que el software fue lanzado, adoptando su contexto, a fin de poder apreciar sus méritos por completo. Podía jugar a un clásico de 1990 en 2010 y pensar "Guau, estos gráficos son increíbles". Me dan pena aquellos que rechazan jugar a obras con más de cinco años de antigüedad, diciendo que "son muy viejos", sin ver más allá de su apartado técnico. ¿Cómo alguien puede descuidar su autodisciplina de tal forma?
Sin embargo, esto sólo se hace extensible a los gráficos. No puedo perdonar una jugabilidad engorrosa o controles absurdos. No hay excusa: Pong, un juego de 1972, ya era bueno en ambos aspectos.
Al mirar las opiniones retrospectivas de Secret of Mana (puntuado como una obra maestra por muchos medios), veo que tienden a ser divisorias, pero que sus defensores son muy combativos. No me atrevería a publicar esta reseña en Reddit, por ejemplo. Por suerte, dado que tengo mi propia página web (y que carece de sección para comentarios), nadie puede venir a ponerme a caldo. Así que empecemos a diseccionar los fallos.

Tras arrancar el cartucho, lo primero que te encuentras son unos gráficos bonitos y coloridos, y unas melodías de ensueño que te hacen pronosticar una buena experiencia. Pero luego inicias una nueva partida y, con el transcurso de las horas, esta impresión inicial se ve demolida hasta que terminas por sopesar si merecerá la pena el esfuerzo (y la respuesta es que no).

La historia está bajo mínimos. Hacia el final hay una especia de giro de guion, pero el resto es simple a más no poder. Controlas a 3 chavales bienintencionados (uno de ellos, el "elegido" con una espada rollo Excalibur) que deben enfrentarse a un malvado hechicero que pretende conquistar el mundo, o quizá destruirlo. Los personajes son mayormente planos. Y esto es un JRPG. Esa "J" al principio significa que la historia puede ser un poco infantil, pero dramática al mismo tiempo, y con un extraño sentido del humor (¿Tal vez se pierde con la traducción? Eso explicaría algunos diálogos). No importa cuántos de estos juegue, no termino de cogerle el gusto a tan peculiar mezcla. Supongo que tendría que haber nacido en Japón para entenderlo. Bueno, al menos los sprites son monos.

El juego presentó un nuevo sistema de menús que se deshizo de las habituales pantallas llenas de texto. Ahora, los ítems y opciones aparecen superimpuestos al área principal, dispuestos en un círculo que rodea al personaje elegido, y puedes rotarlo a izquierda o derecha para cambiar la selección, o moverte arriba y abajo a otras categorías. Al principio impresiona. Pero después tratas realmente de darle uso, y te das cuenta de lo cansino que es. La navegación es lenta, y cuando tus personajes se apelotonan se hace muy difícil saber de quién es el inventario que estás viendo. No hay descripciones de objetos y comprar nuevo equipo es confuso y requiere tiempo (sólo ves un icono indicando qué personajes pueden llevarlo, pero para saber si es mejor o peor que lo que ya tienes debes salirte de la conversación y ponérselo). Sí, pronto eché de menos las viejas pantallas.

Esto podría ser tolerable si no fuera por el combate, que es con mucha diferencia el eslabón más débil de SOM. Tiene lugar en pseudo-tiempo real, es decir, que da la apariencia de ser un mata-mata en 2D, pero el resultado real se decide de fondo de manera estadística. Esto te hace sentir torpe ya que no hay retroalimentación visible de cosas como la evasión (de la cual muchos enemigos tienen para dar y repartir), preguntándote por qué tus ataques no conectan. Tus personajes tienen un medidor de poder, y cualquier golpe dado con menos del 100 % es prácticamente inútil; además, los movimientos especiales exigen cargar una o más barras adicionales, ralentizando mucho el combate. Por si esto fuera poco, tus enemigos pueden (y consiguen) envenenarte, congelarte, petrificarte, encogerte, dormirte, invertir los controles o convertirte en un peluche o lo que sea. Hay un montón de estados que pueden invocar sobre ti, todos ellos molestos, y pareciera que no conocen otra táctica. Incluso pueden significar tu muerte si no se alinean los planetas.

La dificultad es muy irregular. Algunas secciones (no muchas) son un paseo. En otras (las que más) serás brutalmente sodomizado, obligándote a gastar tiempo subiendo de nivel a los críos. De media se inclina hacia el lado difícil. Te toparás con enemigos comunes que barrerán el suelo contigo, encadenando combos y esquivando ataques, mucho mejor de lo que cualquier jefe podría (y estos tampoco son moco de pavo).
Hay mucho farmeo. Hay un total de 8 armas distintas, que pueden ser mejoradas 8 veces (por separado), a lo que se añade la habilidad de manejo de cada uno de los 3 personajes, que también debe entrenarse aparte para cada una. Y aún más: dos de los personajes pueden usar magia de 8 clases elementales distintas (agua, fuego, luz, oscuridad, etc), y cada hechizo también debe ser practicado para poder sobrevivir. Estos sistemas de progresión superpuestos hacen de SOM algo muy farragoso de jugar.

Viajar por el mundo del juego para completar objetivos requiere muchas idas y venidas, hasta que desbloqueas a una montura dragón más adelante (vale, también hay un negocio de viaje rápido que involucra un cañón gigante). El mapa incluido en el manual es de todo menos útil. Algunas acciones, como aterrizar en la fortaleza final, no son muy claras y tuve que consultar una guía, pero por lo general SOM es muy lineal, como es evidente viendo sus mazmorras, que tienen pocas rutas alternativas. Es más molesto que críptico.
Y hablando de recorrer el mapa: la inteligencia artificial (si es que se le puede llamar así) hace gala de un exasperante cálculo de rutas. Tus compañeros se atascarán constantemente con cualquier árbol o esquina, bloqueando la pantalla hasta que desandes tus pasos para "rescatarlos". Me pasé todo el juego deseando poder cargármelos a mandoblazos, ¡idiotas!

Mientras veía pasar los créditos, me resultaba obvio que el juego no había cumplido mis expectativas, y me arrepentí de las muchas horas que había invertido en él. Aunque en el apartado técnico es brillante para su época, la jugabilidad es horrible y la historia prescindible. Estoy seguro de que la nostalgia es principal motivo de que esté tan bien considerado. Espero que al menos este análisis te ahorre tiempo y esfuerzo.
Como comentario aparte, hay un curiosa capacidad para multijugador que permite que hasta 3 personas (con un Super Multitap para enchufar el tercer mando) lo disfruten de forma cooperativa, uniéndose o dejando la partida en cualquier momento. Estoy seguro de que la experiencia tiene que mejorar mucho de esta forma, pero no he podido comprobarlo.
Jugar
- Para la consola original, tendrás que pillarlo de segunda mano o usar un emulador.
- Una versión "mejorada" se publicó para varias plataformas portátiles (como la Switch) años después. Busca en tu tienda Nintendo online de confianza.
- En 2018 se publicó un remake 3D para Windows y la PlayStation 4. Tuvo una acogida irregular (tómate esto como prefieras).
